Hoy, cualquiera pero literalmente cualquiera, dice vivir o venir en el nombre del Señor. Usted mira a todo el mundo hablando en el nombre del Señor. Mire la televisión y vea cómo toman prisionero a un político después de haber hecho fechoría y media, y sus palabras son: Yo sé que mi Dios me hará justicia. Vea a un ladroncito de barrio entre las rejas y lo escuchará decir: Yo no fuí, y yo sé que mi Señor me hará justicia. Todos claman a su Señor cuando están en angustia pero eso no implica que sean o que vengan en el nombre del Señor.
Otros más no están en angustia pero igual inventan "El Señor me dijo". El Señor me dijo: Que existe el "rock" cristiano, imagínese usted a Pedro a Jacobo y a Juan, con pelo largo, aretes, pantalones rotos en la rodilla y tocando una guitarra eléctrica como locos. "El Señor me dijo: Que pusieramos mantas para anunciar la próxima campaña de sanación, imagínese usted a felipe, a Judas Tadeo y a Tomás buscando la mejor ezquina de la ciudad para poner la manta, o buscando el sitio más estratégico de la prensa para poner un anuncio que dijera: Campaña de sanación con el Gran Apostol Jesús: Venga por su milagro. Etc.
Entonces ¿Cómo entendemos y podemos estar seguros de quiénes están o de quienes sí vienen en el nombre del Señor? Muy sencillo, Jesús "lo dijo y lo hizo" de ésta forma: "No todo el que me dice Señor, Señor, entrará al reino de los cielos, sino EL QUE HACE LA VOLUNTAD DE MI PADRE QUE ESTA EN LOS CIELOS" (Mateo 7:21). Y ¿Cuál es la voluntad del Padre de Jesús? TODO AQUEL que "oyendo" las palabras de Dios las "hace" y NO SE LO CUENTA A NADIE. Leamos con detenimiento los versos 7:24 al 8:4 y veremos un patrón de conducta de los que verdaderamente vienen en nombre del Señor del cielo... ve ¡y no se lo digas a nadie!. Fue un patrón en la vida de Jesús NO DECIRSELO A NADIE, sino solamente hacerlo. Antes había dicho: Mas NO sepa tu izquierda lo que hace tu mano derecha (Mateo 6:3).
jueves, 18 de febrero de 2010
miércoles, 17 de febrero de 2010
Buscad primeramente el reino de Dios.
Ciertamente que el hombre se levanta hoy en día pensando: que ya se me hizo tarde, que los niños no se levantan, que el tráfico, que el colegio, que la oficina, que dejar la ropa en la tintorería, etc. Afán, tras afán, tras afán. Olvidando, ya sea por el afán, por el poco tiempo disponible por tanto que hacer, por el cansancio, etc. que Dios nos pide que primeramente busquemos estar con EL un tiempo a solas.
Cuando Jesús en el Sermón del Monte nos dejara los lineamientos a seguir para un recto vivir, vemos que EL hizo una pequeña diferencia entre los que le buscan cada día y los que no lo hacen. Dijo: "No os afanéis pensando qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos porque ESO es lo que hacen los gentiles" (Mateo 6:31-32). Y luego afirmó: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y TODO lo demás será os será añadido" (Mateo 6:33). Es difícil imaginar que por ir por un camino se llega a otro, pero con el Señor así funcionan todos los elementos. Por eso es que EL nos da un "medida" de fe a cada uno, y dependiendo de esa "medida" de fe es que reaccionamos y vivimos. Nos dice el libro de Romanos 12:6 que todos recibimos una "medida de fe", utilizando la palabra griega "analogía" que significa "proporción de fe".
Por ello ahora entendemos por qué dos personas reaccionan diferente ante la misma situación, simplemente porque la medida, o, la proporción de fe de uno es diferente que la de otro. Ahora también podremos entender por qué los discípulos le dijeron a Jesús: Señor, AUMENTANOS la fe (Lucas 17:5). En resumen la lección de nos deja todo esto es: que si Dios es lo primero en nuestros corazones ¿Cómo no seremos nosotros los primeros en su corazón?
Cuando Jesús en el Sermón del Monte nos dejara los lineamientos a seguir para un recto vivir, vemos que EL hizo una pequeña diferencia entre los que le buscan cada día y los que no lo hacen. Dijo: "No os afanéis pensando qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos porque ESO es lo que hacen los gentiles" (Mateo 6:31-32). Y luego afirmó: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y TODO lo demás será os será añadido" (Mateo 6:33). Es difícil imaginar que por ir por un camino se llega a otro, pero con el Señor así funcionan todos los elementos. Por eso es que EL nos da un "medida" de fe a cada uno, y dependiendo de esa "medida" de fe es que reaccionamos y vivimos. Nos dice el libro de Romanos 12:6 que todos recibimos una "medida de fe", utilizando la palabra griega "analogía" que significa "proporción de fe".
Por ello ahora entendemos por qué dos personas reaccionan diferente ante la misma situación, simplemente porque la medida, o, la proporción de fe de uno es diferente que la de otro. Ahora también podremos entender por qué los discípulos le dijeron a Jesús: Señor, AUMENTANOS la fe (Lucas 17:5). En resumen la lección de nos deja todo esto es: que si Dios es lo primero en nuestros corazones ¿Cómo no seremos nosotros los primeros en su corazón?
martes, 16 de febrero de 2010
Por amor a tu padre.
El reinado de Salomón fue un tiempo precioso cual no ha habido en Israel, y quizás hasta prodíamos afirmar que el tiempo de mayor esplendidez de una nación fue ese tiempo en Israel. Salomón unificó las doce tribus; contruyó un palacio como ninguno ha habido en la historia de ninguna nación; edificó la famosa Cámara de Justicia; mandó edificar un palacio similar a ésta Cámara para la hija de faraón, y mandó construir una flota de barcos a orillas del Mar Rojo.
Lamentablemente, la debilidad de Salomón eran las mujeres, y debido a esa debilidad tomó esposas de cuanto pueblo y nación pudo, dice la escritura que tenía setecientas esposas de estirpe real, y trescientas concubinas, todas, de diferentes creencias. Esto lo llevó a apartarse de Dios, condición que tanto su padre David como Dios mismo le habían dicho que no hiciera, pues si lo hacía el poder y la protección de Dios se apartarían de Israel. Ahora bien, el punto que queremos enfocar hoy aquí son las palabras de sentencia de Dios para con Salomón: "Por cuanto ha habido esto en tí, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo. Sin embargo, no lo haré en tus días (mientras tú vivas) POR AMOR A TU PADRE, sino lo romperé de la mano de tu hijo" (1era. Reyes 11:11-12).
¡Qué amor tan grande hubo entre David y Dios! Para que aún muerto David, Dios se acordara de él y lo honrara en esa forma. ¡Qué lejos vivimos nosotros de esa clase de vida, como para que Dios se exprese así de nosotros delante de un hijo nuestro! Hoy es un día de reflexión, hoy podemos iniciar a cambiar esa vida, nunca es tarde para iniciar algo, además, tenemos que tener fe en que Dios es capaz de REDEMIRNOS EL TIEMPO PERDIDO. Meditemos.
Lamentablemente, la debilidad de Salomón eran las mujeres, y debido a esa debilidad tomó esposas de cuanto pueblo y nación pudo, dice la escritura que tenía setecientas esposas de estirpe real, y trescientas concubinas, todas, de diferentes creencias. Esto lo llevó a apartarse de Dios, condición que tanto su padre David como Dios mismo le habían dicho que no hiciera, pues si lo hacía el poder y la protección de Dios se apartarían de Israel. Ahora bien, el punto que queremos enfocar hoy aquí son las palabras de sentencia de Dios para con Salomón: "Por cuanto ha habido esto en tí, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo. Sin embargo, no lo haré en tus días (mientras tú vivas) POR AMOR A TU PADRE, sino lo romperé de la mano de tu hijo" (1era. Reyes 11:11-12).
¡Qué amor tan grande hubo entre David y Dios! Para que aún muerto David, Dios se acordara de él y lo honrara en esa forma. ¡Qué lejos vivimos nosotros de esa clase de vida, como para que Dios se exprese así de nosotros delante de un hijo nuestro! Hoy es un día de reflexión, hoy podemos iniciar a cambiar esa vida, nunca es tarde para iniciar algo, además, tenemos que tener fe en que Dios es capaz de REDEMIRNOS EL TIEMPO PERDIDO. Meditemos.
lunes, 15 de febrero de 2010
No había nada en el Arca... solamente las tablas de la Ley.
Difícilmente encontraremos en el mundo algún mueble o equipo que sea tan valioso, tan codiciado, y tan buscado como la famosa "Arca del Pacto de Moisés". Por siglos se ha discutido su paradero, luego de que durante el éxodo y la conquista fuera tan importante para el Pueblo de Dios. Desde que Moisés recibe la orden de construirla en el desierto hasta la última mención en Jeremías (3:16 si no nos equivocamos), NUNCA más se ha oído de ella. Especulaciones muchas, pero realidades y pruebas ninguna.
El hecho que nos ocupa hoy es el de que cuando se construyó llevaba dentro, según cuenta la tradición: Las Tablas de la Ley, la vara de Aarón y un poco de maná del desierto. Pero, la escritura es clara en explicarnos que, cuando el Templo que Salomón le construyó a Dios fue dedicado, en ella: SOLAMENTE HABIA DENTRO LAS DOS TABLAS DE LA LEY, QUE MOISES HABÍA RECIBIDO EN EL MONTE HOREB (1era. Reyes 8:9). ¿Qué lección nos deja todo esto? Bueno, en el Nuevo Testamento Pablo nos hace ver que el Templo del señor, AHORA, son nuestros cuerpos (1era. Corintios 3:16). Si tratamos de deducir que lo más importante en el cuerpo humano es el corazón, órgano sin el cual no viviríamos, entonces hemos de suponer que el Arca es eso, nuestro corazón. Y que en él, el único elemento que debiera existir es: Su Ley.
Cuando en la profecía del final de los tiempos (en los cuales creemos feacientemente estamos viviendo), El Señor cuestiona a las siete iglesias, a la primera de ellas, Efeso, le reclama: " Tengo contra tí, que has dejado tu primer amor". ¿A qué amor se refiere? Pues a aquél amor que nos enganchó con EL, cuando estando en la agonía de la pena, de la limitación, de la enfermedad, de la muerte, de la desesperación... el asomó su bello rostro, extendió su mano, y nos dijo: "Hijo mío, ven. En el día de la angustia clamaste a mí, y yo te respondí; pero tú me honrarás todos los días de tu vida"... Y nosotros dejamos de hacerlo. Reflexionemos, que aún hay tiempo: "Buscad a Dios mientras pueda ser hallado; llamadle en tanto está cercano" nos dijo Isaías en 55:6. Lo que quiere decir que llegarán días en que se le buscará pero será tarde, pues ya no estará. Hoy es el día de arrepentimiento, hoy es el día de buscarle, hoy es acaso el día en que al fín le encontraremos, y si eso sucede: NUNCA MAS SEREMOS LOS MISMOS Y SU LEY ESTARA EN NUESTROS CORAZONES.
El hecho que nos ocupa hoy es el de que cuando se construyó llevaba dentro, según cuenta la tradición: Las Tablas de la Ley, la vara de Aarón y un poco de maná del desierto. Pero, la escritura es clara en explicarnos que, cuando el Templo que Salomón le construyó a Dios fue dedicado, en ella: SOLAMENTE HABIA DENTRO LAS DOS TABLAS DE LA LEY, QUE MOISES HABÍA RECIBIDO EN EL MONTE HOREB (1era. Reyes 8:9). ¿Qué lección nos deja todo esto? Bueno, en el Nuevo Testamento Pablo nos hace ver que el Templo del señor, AHORA, son nuestros cuerpos (1era. Corintios 3:16). Si tratamos de deducir que lo más importante en el cuerpo humano es el corazón, órgano sin el cual no viviríamos, entonces hemos de suponer que el Arca es eso, nuestro corazón. Y que en él, el único elemento que debiera existir es: Su Ley.
Cuando en la profecía del final de los tiempos (en los cuales creemos feacientemente estamos viviendo), El Señor cuestiona a las siete iglesias, a la primera de ellas, Efeso, le reclama: " Tengo contra tí, que has dejado tu primer amor". ¿A qué amor se refiere? Pues a aquél amor que nos enganchó con EL, cuando estando en la agonía de la pena, de la limitación, de la enfermedad, de la muerte, de la desesperación... el asomó su bello rostro, extendió su mano, y nos dijo: "Hijo mío, ven. En el día de la angustia clamaste a mí, y yo te respondí; pero tú me honrarás todos los días de tu vida"... Y nosotros dejamos de hacerlo. Reflexionemos, que aún hay tiempo: "Buscad a Dios mientras pueda ser hallado; llamadle en tanto está cercano" nos dijo Isaías en 55:6. Lo que quiere decir que llegarán días en que se le buscará pero será tarde, pues ya no estará. Hoy es el día de arrepentimiento, hoy es el día de buscarle, hoy es acaso el día en que al fín le encontraremos, y si eso sucede: NUNCA MAS SEREMOS LOS MISMOS Y SU LEY ESTARA EN NUESTROS CORAZONES.
domingo, 14 de febrero de 2010
Cuando os lo digan... No salgáis ni creáis.
La vida que estamos llevando en éstos días, ha llegado a ser casi insoportable por uno o por otro motivo. Platicábamos uno de éstos días con un amigo de hace muchos años, y nos admirábamos de la situación actual del mundo y del hombre en sí. El nos decía: "Cuando eramos pequeños había ley, había orden, había un poco de más justicia. Hace apenas unos cuántos años morían en las calles los asesinos, los ladrones, los malechores, ahora los que mueren casi siempre son los que vivimos descentemente, aún y cuando no salgamos de nuestras casas, pues estamos desprotegidos ante la maldad humana".
Así, todos aquellos que tenemos un poco de conocimiento de Dios, y de su anhelada promesa de la venida gloriosa de su Hijo, pidimos a gritos que venga pronto. Pero tenemos que tener cuidado. Jesús, consciente de las cisrcunstancias que iban a rodear su venida nos dejó dicho: "Cuando os digan: Está en el desierto... no salgáis ni creáis" (Mateo 24:26). Meditando uno de éstos días en éste pasaje nos decíamos a nosotros mismos: ¿Cómo podemos confundirnos o creer tal situación, si primero, no en todas las naciones hay "desierto", y aún que lo hubiera, quién predica en un desierto? Como decimos, investigando un poquito encontramos que la palabra utilizada por Jesús en éstos pasajes para "desierto", tanto en Hebreo (midbar) como en Griego (eremos), entre sus signigficados están los siguientes: Tierra inhabitada, persona que está desprovista de la desprotección del conocimiento, de las amistades y de parientes. Esto, nos aclaró el panorama.
Jesús no estaba hablando de un "desierto físico", estaba advirtiéndonos de un "desierto espiritual". Nos explicamos, cuando una persona NO tiene a Cristo en su corazón es como tierra deshabitada, Cristo mismo dijo: "Dejad que los MUERTOS entierren a sus MUERTOS". Y, cuando una persona no tiene a Cristo en su corazón es una persona desprovista totalmente de amigos sinceros; desprovista totalmente de conocimiento sano, quizás es un profesional muy exitoso pero con un éxito vacío; y es como que no tuviera parientes o familiares, pues los familiares en la carne no representan el mismo significado que los familiares en el espíritu. Cuidémonos pues, no porque lo digamos nosotros, sino porque lo dijo Cristo: "Mirad que nadie os engañe porque vendrán MUCHOS en mi nombre, diciendo YO SOY EL CRISTO, y harán hasta harán milagros y prodigios... pero son falsos" (Mateo 24:5).
Así, todos aquellos que tenemos un poco de conocimiento de Dios, y de su anhelada promesa de la venida gloriosa de su Hijo, pidimos a gritos que venga pronto. Pero tenemos que tener cuidado. Jesús, consciente de las cisrcunstancias que iban a rodear su venida nos dejó dicho: "Cuando os digan: Está en el desierto... no salgáis ni creáis" (Mateo 24:26). Meditando uno de éstos días en éste pasaje nos decíamos a nosotros mismos: ¿Cómo podemos confundirnos o creer tal situación, si primero, no en todas las naciones hay "desierto", y aún que lo hubiera, quién predica en un desierto? Como decimos, investigando un poquito encontramos que la palabra utilizada por Jesús en éstos pasajes para "desierto", tanto en Hebreo (midbar) como en Griego (eremos), entre sus signigficados están los siguientes: Tierra inhabitada, persona que está desprovista de la desprotección del conocimiento, de las amistades y de parientes. Esto, nos aclaró el panorama.
Jesús no estaba hablando de un "desierto físico", estaba advirtiéndonos de un "desierto espiritual". Nos explicamos, cuando una persona NO tiene a Cristo en su corazón es como tierra deshabitada, Cristo mismo dijo: "Dejad que los MUERTOS entierren a sus MUERTOS". Y, cuando una persona no tiene a Cristo en su corazón es una persona desprovista totalmente de amigos sinceros; desprovista totalmente de conocimiento sano, quizás es un profesional muy exitoso pero con un éxito vacío; y es como que no tuviera parientes o familiares, pues los familiares en la carne no representan el mismo significado que los familiares en el espíritu. Cuidémonos pues, no porque lo digamos nosotros, sino porque lo dijo Cristo: "Mirad que nadie os engañe porque vendrán MUCHOS en mi nombre, diciendo YO SOY EL CRISTO, y harán hasta harán milagros y prodigios... pero son falsos" (Mateo 24:5).
sábado, 13 de febrero de 2010
¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
Estas palabras no solamente suenan fuertes... son fuertes. Y aunque cuando las oímos o las leémos, entendemos que fueron palabras que Jesús le dijo a Pedro, son palabras que diariamente nos podrían ser aplicadas a nosotros también.
Cuando uno lee los evangelios mira con cierta incertidumbre ¿Cómo es posible que los discípulos no hubieran aprendido las lecciones tan claras que les dió Jesús, habiendo convivido con EL tres años y medio? Uno no se explica cómo, habiendo visto tranquilizarse las tormentas delante de sus ojos, todavía dudaban si Jesús realmente era quien decía ser. Uno se pregunta ¿Cómo, habiendo visto muerto a Lázaro por varios días, y luego salir del sepulcro caminando por sus propios medios, todavía no creyeron en su resurrección los discípulos que iban a Emaús? ¿Cómo, viendo que luego de pasar toda una noche sin pescar, Jesús les dice, echad la red, y ésta habiéndose llenado de peces, EL no podía llenarlos de poder para predicar?
Bueno, pues no solamente los discípulos pecaron de incrédulos, nosotros también lo hacemos. ¿Quién nos quitó aquella gran carga que llevábamos durante años? ¿Quién nos alivio de aquél matrimonio que era un martirio, por la enfermedad, la pena, el abandono, etc? ¿Quién nos devolvió aquella herencia que nos robaron? ¿Quién nos dió el techo que tanto anhelábamos? ¿Quién nos dió la paz que tanto pedimos? ¿Quién es Aquél, que nos ha librado de tantos males? ¿Quién es Aquél que nos ha respondido todas las oraciones que nos han hecho bien? ¡JESUS! Entonces ¿Por qué dudamos que lo que nos ha ofrecido hoy, no nos lo dará? ¿Por qué pensamos que nuestro problemas no tiene solución? ¿Por qué nos vemos y nos vamos inclinados por nuestra mejor opinión, utilizando el brazo de la carne, cuando EL ya sabe y ya tiene nuestra solución en sus manos? Meditemos, no sea que un día de tantos Jesús nos pregunte ¿Por qué dudaste, hombre de poca fe?
Cuando uno lee los evangelios mira con cierta incertidumbre ¿Cómo es posible que los discípulos no hubieran aprendido las lecciones tan claras que les dió Jesús, habiendo convivido con EL tres años y medio? Uno no se explica cómo, habiendo visto tranquilizarse las tormentas delante de sus ojos, todavía dudaban si Jesús realmente era quien decía ser. Uno se pregunta ¿Cómo, habiendo visto muerto a Lázaro por varios días, y luego salir del sepulcro caminando por sus propios medios, todavía no creyeron en su resurrección los discípulos que iban a Emaús? ¿Cómo, viendo que luego de pasar toda una noche sin pescar, Jesús les dice, echad la red, y ésta habiéndose llenado de peces, EL no podía llenarlos de poder para predicar?
Bueno, pues no solamente los discípulos pecaron de incrédulos, nosotros también lo hacemos. ¿Quién nos quitó aquella gran carga que llevábamos durante años? ¿Quién nos alivio de aquél matrimonio que era un martirio, por la enfermedad, la pena, el abandono, etc? ¿Quién nos devolvió aquella herencia que nos robaron? ¿Quién nos dió el techo que tanto anhelábamos? ¿Quién nos dió la paz que tanto pedimos? ¿Quién es Aquél, que nos ha librado de tantos males? ¿Quién es Aquél que nos ha respondido todas las oraciones que nos han hecho bien? ¡JESUS! Entonces ¿Por qué dudamos que lo que nos ha ofrecido hoy, no nos lo dará? ¿Por qué pensamos que nuestro problemas no tiene solución? ¿Por qué nos vemos y nos vamos inclinados por nuestra mejor opinión, utilizando el brazo de la carne, cuando EL ya sabe y ya tiene nuestra solución en sus manos? Meditemos, no sea que un día de tantos Jesús nos pregunte ¿Por qué dudaste, hombre de poca fe?
viernes, 12 de febrero de 2010
El nos anhela celosamente.
¿Qué esposa o esposo desea que su pareja ande divirtiéndose con otro o con otra, mientras espera ardientemente en casa para compartir lo mejor de sí mismo? NADIE.
Todos nos casamos porque queremos compartir más tiempo con nuestra pareja, se supone que ESE es el anhelo de dejar la casa de los padres para estar con la persona amada.
Bueno, pues nada más y nada menos que ESO es lo que hacemos con Jesús cuando decimos que le amamos, que somos de EL, que ya levantamos la mano para decir que le seguimos y que nos ponemos en sus manos, que acepeptamos su sangre preciosa como justo pago por nuestros pecados, y que, queremos estar con EL por toda la eternidad. Ahora, la pregunta es: ¿Si decimos que queremos estar con EL por toda la eternidad, cuál es la razón por la cual no empezamos aquí? ¿Por qué esperamos a estar en enfermedad, en limitaciones económicas, en angustias, en penas, en sufrimientos para buscarle? ¿Cómo nos sentiríamos nosotros, si nuestra pareja nos dejara... porque se nos acabó el dinero, la salud, el bienestar? ¿Cómo nos sentiríamos si nuestra pareja nos utiliza como último recurso? ¿Cómo nos sentiríamos si supiéramos que está con nosotros solamente cuando nos necesita o porque nos necesita?
Eso es exactamente lo que hacemos con Jesús cuando estando sanos en lugar de estar con EL, utilizamos nuestro tiempo en nuestros placeres; eso es lo que hacemos, cuando estando bien económicamente no nos acordamos del necesitado; eso es lo que hacemos cuando tenemos recursos y los gastamos en nuestros delietes (vea Santiago 4:4) en éste pasaje la escritura nos dice que: "Cuando actuamos así, somos como ALMAS ADULTERAS". Nos indica que si solamente buscamos a Dios en nuestra pena, somos interesados pues amamos más al mundo que a EL. Demostremos nuestro amor, nuestra fe, nuestro respeto a Jesús... buscándolo en todo tiempo. Buscandolo todos los días, de mañana, de tarde, de noche, en nuestras entradas y en nuestras salidas. Dice Santiago 4:5: "El Espíritu que EL ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente".
Todos nos casamos porque queremos compartir más tiempo con nuestra pareja, se supone que ESE es el anhelo de dejar la casa de los padres para estar con la persona amada.
Bueno, pues nada más y nada menos que ESO es lo que hacemos con Jesús cuando decimos que le amamos, que somos de EL, que ya levantamos la mano para decir que le seguimos y que nos ponemos en sus manos, que acepeptamos su sangre preciosa como justo pago por nuestros pecados, y que, queremos estar con EL por toda la eternidad. Ahora, la pregunta es: ¿Si decimos que queremos estar con EL por toda la eternidad, cuál es la razón por la cual no empezamos aquí? ¿Por qué esperamos a estar en enfermedad, en limitaciones económicas, en angustias, en penas, en sufrimientos para buscarle? ¿Cómo nos sentiríamos nosotros, si nuestra pareja nos dejara... porque se nos acabó el dinero, la salud, el bienestar? ¿Cómo nos sentiríamos si nuestra pareja nos utiliza como último recurso? ¿Cómo nos sentiríamos si supiéramos que está con nosotros solamente cuando nos necesita o porque nos necesita?
Eso es exactamente lo que hacemos con Jesús cuando estando sanos en lugar de estar con EL, utilizamos nuestro tiempo en nuestros placeres; eso es lo que hacemos, cuando estando bien económicamente no nos acordamos del necesitado; eso es lo que hacemos cuando tenemos recursos y los gastamos en nuestros delietes (vea Santiago 4:4) en éste pasaje la escritura nos dice que: "Cuando actuamos así, somos como ALMAS ADULTERAS". Nos indica que si solamente buscamos a Dios en nuestra pena, somos interesados pues amamos más al mundo que a EL. Demostremos nuestro amor, nuestra fe, nuestro respeto a Jesús... buscándolo en todo tiempo. Buscandolo todos los días, de mañana, de tarde, de noche, en nuestras entradas y en nuestras salidas. Dice Santiago 4:5: "El Espíritu que EL ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente".
jueves, 11 de febrero de 2010
¡En la multitud de consejeros, no de consejos ni opiniones ¡
Toda la vida de una persona está plagada de decisiones, si tomamos éste empleo o no lo tomamos; si nos casamos o no nos casamos; si compramos casa o alquilamos; si tenemos hijos pronto o no los tenemos; si los educamos en casa o los llevamos a un colegio; si esto o lo otro, etc. Y, muchas de esas decisiones lamentablemente han sido equivocadas, no siempre las circunstancias han dependido de nosotros, pero el hecho es que en alguna medida hemos fallado. ¿Por qué?
La escritura nos dice una de las razones: "Donde NO hay dirección sabia, caerá el pueblo; mas en la multitud de CONSEJEROS hay seguridad" (Proverbio 11:14). Aquí tenemos varias lecciones prácticas que aprender: Uno, muchas veces fracasamos o tomamos la decisión equivocada porque no CONSULTAMOS con nadie, ni le preguntamos a nadie, nos creemos autosuficientes, y por ello, erramos el camino. Dos, nótese que dice multitud de consejeros NO DE CONSEJOS, pues una parte es que alguien nos aconseje y muy diferente que sigamos su opinión, pues si consultamos con tres personas y las tres opinan diferente, ni modo que hagamos tres movimientos simultáneos. Debemos razonar y elegir la más cuerda, la de más experiencia, la de más lógica, la más práctica, etc. Tres, nos está implicando que nos da seguridad, el no actuar solos. Nos explicamos.
Dios mismo, nos da un ejemplo precioso de cómo se toman las decisiones: Cuando David estaba por morir, mandó coronar a su hijo Salomón como rey sucesor, veamos cómo y con quienes lo hizo: Uno, Dios le dijo a David que fuera Salomón el rey y Absalón. Dos, David envió a llamar a un profeta: Natán; a un sacerdote, Sadoc; y a su capitán de la guardia, Benaía; y él como Rey (1era. Resyes 1:32), no lo hizo sólo a pesar de que Dios le había hablado. Siempre que vayamos a tomar una decisión, por sencilla que sea, puede tener mucha repercusión en nuestras vidas, si no la consultamos primero con Dios, y luego con quienes corresponde podemos cometer errores que lamentemos por mucho tiempo, o quizás, el resto de nuestras vidas.
La escritura nos dice una de las razones: "Donde NO hay dirección sabia, caerá el pueblo; mas en la multitud de CONSEJEROS hay seguridad" (Proverbio 11:14). Aquí tenemos varias lecciones prácticas que aprender: Uno, muchas veces fracasamos o tomamos la decisión equivocada porque no CONSULTAMOS con nadie, ni le preguntamos a nadie, nos creemos autosuficientes, y por ello, erramos el camino. Dos, nótese que dice multitud de consejeros NO DE CONSEJOS, pues una parte es que alguien nos aconseje y muy diferente que sigamos su opinión, pues si consultamos con tres personas y las tres opinan diferente, ni modo que hagamos tres movimientos simultáneos. Debemos razonar y elegir la más cuerda, la de más experiencia, la de más lógica, la más práctica, etc. Tres, nos está implicando que nos da seguridad, el no actuar solos. Nos explicamos.
Dios mismo, nos da un ejemplo precioso de cómo se toman las decisiones: Cuando David estaba por morir, mandó coronar a su hijo Salomón como rey sucesor, veamos cómo y con quienes lo hizo: Uno, Dios le dijo a David que fuera Salomón el rey y Absalón. Dos, David envió a llamar a un profeta: Natán; a un sacerdote, Sadoc; y a su capitán de la guardia, Benaía; y él como Rey (1era. Resyes 1:32), no lo hizo sólo a pesar de que Dios le había hablado. Siempre que vayamos a tomar una decisión, por sencilla que sea, puede tener mucha repercusión en nuestras vidas, si no la consultamos primero con Dios, y luego con quienes corresponde podemos cometer errores que lamentemos por mucho tiempo, o quizás, el resto de nuestras vidas.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Un reino dividido no permanece.
Luego de terminar la esclavitud con los egipcios, Israel pasa un período de unificación muy fuerte en el tiempo de los Jueces, de Samuel, del rey Saúl, y por último del rey David. Pero, viene el reinado de Salomón período durante el cual éste decide iniciar muchas construcciones, razón por la que necesita mucho dinero, el resultado, decide imponer, por consejo de sus asesores más jóvenes, más impuestos. Esto trae un descontento dentro del pueblo e inicia la separación de las tribus.
Solamente esa desaveniencia hizo falta para que el pueblo de Israel se dividiera y por lo tanto se debilitara, unas tribus (10) toman para el Norte, instalan su capital en Samaria y se autodenominan el reino de Israel; las otras (2) tribus toman para el sur, instalan su capital en Jerusalén y se autodenominan el reino de Judá. Esa división causa que los asirios conquisten el reino del Norte, y años más tarde los babilonios conquisten el reino del sur (2da. Reyes). ¿No es acaso ésta una lección práctica para nosotros como personas, como familias, como creyentes? Creemos que Dios nos está dando en éste punto un mapa de lo que va a sucedernos si no somos unidos como personas a EL; como familias a EL; y como creyentes a EL.
En una ocasión unos discípulos de Jesús vieron que seguirle era una cuestión de llevar una vida muy dura, de mucho sacrificio y de mucha entrega, su decisión fue... marcharse de su lado. Entonces Jesús les pregunta a sus otros discípulos. ¿Y vosotros, queréis marcharos también? Y la respuesta de ellos es a lo más elocuente y digna de que nosotros nos la hagamos también: Señor ¿A quién iremos?. Sí, si como personas no vamos a Jesucristo; si como familias no vamos a Jesucristo; si como creyentes no vamos a Jesucristo... ¿A quién iremos? (Juan 6:66-68). Solamente a la destrucción por medio de dividir nuestro reino.
Solamente esa desaveniencia hizo falta para que el pueblo de Israel se dividiera y por lo tanto se debilitara, unas tribus (10) toman para el Norte, instalan su capital en Samaria y se autodenominan el reino de Israel; las otras (2) tribus toman para el sur, instalan su capital en Jerusalén y se autodenominan el reino de Judá. Esa división causa que los asirios conquisten el reino del Norte, y años más tarde los babilonios conquisten el reino del sur (2da. Reyes). ¿No es acaso ésta una lección práctica para nosotros como personas, como familias, como creyentes? Creemos que Dios nos está dando en éste punto un mapa de lo que va a sucedernos si no somos unidos como personas a EL; como familias a EL; y como creyentes a EL.
En una ocasión unos discípulos de Jesús vieron que seguirle era una cuestión de llevar una vida muy dura, de mucho sacrificio y de mucha entrega, su decisión fue... marcharse de su lado. Entonces Jesús les pregunta a sus otros discípulos. ¿Y vosotros, queréis marcharos también? Y la respuesta de ellos es a lo más elocuente y digna de que nosotros nos la hagamos también: Señor ¿A quién iremos?. Sí, si como personas no vamos a Jesucristo; si como familias no vamos a Jesucristo; si como creyentes no vamos a Jesucristo... ¿A quién iremos? (Juan 6:66-68). Solamente a la destrucción por medio de dividir nuestro reino.
martes, 9 de febrero de 2010
Cuando la victoria se convierte en duelo.
Absalón, el hijo de David se ha revelado contra su padre, obligado por las circunstancias éste envía por él, pero, le da a sus capitanes la orden de que lo traigan con vida. Abner, queriendo sobresalir, traspasa con su lanza a Absalón cuando éste queda enredado por sus cabellos en una encina (2da. Samuel 18:9).
La noticia llega a oídos de David, y David se derrumba en llanto. Clama a gritos del por qué había de morir su hijo amado y no él, que ya había vivido lo suficiente (2da. Samuel 18:33). Ese día para David fue uno de esos días en los cuales la victoria se convierte en duelo. Así es en la vida actual de todos nosotros los creyentes, muchas veces vamos a librar batallas (o quizás las estamos librando ya) al final de las cuales vamos a obtener la victoria, pero el costo será tan alto, que esa victoria se convertirá en duelo o tristeza. No se nos ocurre mucho en éste momento, pero quizás nuestra batalla sea contra un pariente muy cercano por causa de una herencia; quizás nuestra batalla sea contra un amigo de toda la vida por causa de un puesto en el trabajo, etc.
Toda acción tiene una reacción, es un principio básico de la ciencia. Toda acción que cometa o que haga una pesona creyente o no creyente, también tiene una reacción. Nuestro deber como creyentes es afinar nuestra relación con Dios cada día y a cada momento, para que toda acción que hagamos o que cometamos esté libre de lastimar a nadie cuando haga su reacción. Es la única forma en que, en mucho, evitaremos que cuando obtengamos una victoria ésta se convierta en duelo.
La noticia llega a oídos de David, y David se derrumba en llanto. Clama a gritos del por qué había de morir su hijo amado y no él, que ya había vivido lo suficiente (2da. Samuel 18:33). Ese día para David fue uno de esos días en los cuales la victoria se convierte en duelo. Así es en la vida actual de todos nosotros los creyentes, muchas veces vamos a librar batallas (o quizás las estamos librando ya) al final de las cuales vamos a obtener la victoria, pero el costo será tan alto, que esa victoria se convertirá en duelo o tristeza. No se nos ocurre mucho en éste momento, pero quizás nuestra batalla sea contra un pariente muy cercano por causa de una herencia; quizás nuestra batalla sea contra un amigo de toda la vida por causa de un puesto en el trabajo, etc.
Toda acción tiene una reacción, es un principio básico de la ciencia. Toda acción que cometa o que haga una pesona creyente o no creyente, también tiene una reacción. Nuestro deber como creyentes es afinar nuestra relación con Dios cada día y a cada momento, para que toda acción que hagamos o que cometamos esté libre de lastimar a nadie cuando haga su reacción. Es la única forma en que, en mucho, evitaremos que cuando obtengamos una victoria ésta se convierta en duelo.
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