Al hombre lo habîan pasado torturando toda la noche, al amanecer del dîa de la Pascua Judîa (ver Mateo 27:15 y 26) lo desnudaron, y le pusieron un manto rojo que simbolizaba el reinado que "El" decîa tener, pusieron sobre su cabeza una corona de espinas, y una caña en su mano, todo repetimos, para simbolizar el reinado que "EL" decîa poseer.
A la hora sexta que eran las doce del dîa, hubo tinieblas hasta las tres de la tarde û hora novena, hora en que muriô Jesûs. A su lado habîan crucificado tambièn a dos ladrones cuyos nombres en la Escritura no aparecen pero que la tradiciôn les ha puesto nombre. Ambos tambièn en tinieblas espirituales, con la diferencia que uno de ellos "reconoce" al verdadero rey y salvador que estâ a la par suya y le dice: "Señor, acuèrdate de mî cuando estès en tu reino" (ver Lucas 23:42).
Muchos andan hoy por el mundo en "tinieblas espirituales" haciendo sacrificios y negândose de muchas situaciones creyendo entrar al reino de los cielos por ello, la Escritura nos muestra que el ladrôn no hizo ninguna de las dos situaciones, simplemente reconociô que sobre toda la tierra no hay otro nombre que dê salvaciôn ni que interceda por un pecador en tinieblas, sino tan sôlo el nombre de JESUCRISTO ( Hechos 4:12). El requisito para entrar al cielo es estar en tinieblas espirituales antes de reconocer a Jesûs como suficiente salvador, no hacer algûn tipo de sacrificio... pues ese lo hizo EL.
martes, 20 de enero de 2009
lunes, 19 de enero de 2009
Jehovâ recompense tu obra
Noemî estaba casada con Elimelec y tuvieron dos hijos, Malôn y Queliôn, ambos estaban casados uno con Orfa y el otro con Rut, pero luego de 10 años de morar en Moab, donde habîa nacido Rut, nos cuenta la historia que muriô Elimelec y luego murieron sus dos hijos, por lo que Noemî quizo regresar a Belên de donde era nacida, y dispuso, despedir a sus nueras para que êstas rehicieran su vida. Pero Rut en lugar de alejarse de su suegra, la siguiô y trabajô duro por y para ella (Ver Rut capîtulo 1).
En esas circunstancias fue y trabajô en los campos de Booz, el cual se enterô de todas las bondades que Rut habîa hecho para con su anciana suegra, cuando se encuentra con ella le declara: "El Señor Jehovâ recompense tu obra, y tu remuneraciôn te sea cumplida". La historia sigue narrando lo sucedido a Rut, y cômo con el tiempo llegô, incluso, a ser la bisabuela del Rey David (vea Rut 4:17).
El hecho es que muchas veces hacemos algo y en el momento no vemos la recompensa, simplemente porque esperamos que sean los hombres quienes nos den el mèrito, pero con el tiempo es el Señor quien nos honra, y esa honra es mucho mayor que la que hubiêsemos recibido de los hombres. La lecciôn serîa acaso, el consejo que se nos da en el libro de Colosenses capîtulo 3 y verso 23: "Y todo lo que hagâis, hacerlo de corazôn, COMO PARA EL SEÑOR y no como para los hombres".
En esas circunstancias fue y trabajô en los campos de Booz, el cual se enterô de todas las bondades que Rut habîa hecho para con su anciana suegra, cuando se encuentra con ella le declara: "El Señor Jehovâ recompense tu obra, y tu remuneraciôn te sea cumplida". La historia sigue narrando lo sucedido a Rut, y cômo con el tiempo llegô, incluso, a ser la bisabuela del Rey David (vea Rut 4:17).
El hecho es que muchas veces hacemos algo y en el momento no vemos la recompensa, simplemente porque esperamos que sean los hombres quienes nos den el mèrito, pero con el tiempo es el Señor quien nos honra, y esa honra es mucho mayor que la que hubiêsemos recibido de los hombres. La lecciôn serîa acaso, el consejo que se nos da en el libro de Colosenses capîtulo 3 y verso 23: "Y todo lo que hagâis, hacerlo de corazôn, COMO PARA EL SEÑOR y no como para los hombres".
domingo, 18 de enero de 2009
Era necesario que
Varias veces en las Escrituras leemos la expresiôn: "Era necesario que..." En Juan capîtulo 4 y verso 4 vemos a Jesûs diciendo a sus discîpulos: "Es necesario que... pasemos por Samaria", Samaria era un territorio Judîo por el cual muchos no querîan pasar, pues sus habitantes cuando se realizô la construcciôn del Templo de Salomôn no quisieron ayudar; por eso los mismos judîos de las otras regiones los marginaron, y por ello Jesûs se ve obligado a enfrentar a sus discîpulos diciendoles que no deben bordear la zona, sino pasar por ella. Pero ¿Por quê? Por la sencilla razôn de que allî tambiên habîa ovejas descarriadas del Señor, como la Samaritana que sin ser una ramera declarada habîan tenido ya varios maridos debido a una vida desordenada.
En otra ocasiôn leemos (Lucas 9:22): "Es necesario que... el Hijo del Hombre padezca en manos de los ancianos, de los sacerdotes y de los principales". ¿Por quê? Porque si EL no morìa entonces nosotros, todos los que creemos en EL no podrîamos estar con el Padre nunca (vea Juan 3:16). En otras palabras, cada vez que las Escrituras mencionan la expresiôn: "Era necesario que..." es porque habîa un motivo especial para Dios, y casi siempre, oculto a los ojos humanos.
El hecho es que, quizâs hoy los motivos por los cuales estamos viviendo lo que estamos viviendo; la razôn por la que estamos en la situaciòn en la que estamos; simplemente nos son ocultos a los ojos materiales pero el Señor tiene propôsitos especiales en ello, y en su momento nos va a permitir verlo. ¿Acaso no fue bueno para la Samaritana que le mostraran su vida de desôrdenes? ¿Acaso no fue bueno para nosotros que el Cristo padeciera y muriera, para que nosotros tuviêramos vida eterna? Romanos 8:28 dice: "Todo sale a bien, a los que aman a Dios". Entonces el secreto estâ en "amarlo a EL" para tener la esperanza de que lo que nos sucede... es para bien.
En otra ocasiôn leemos (Lucas 9:22): "Es necesario que... el Hijo del Hombre padezca en manos de los ancianos, de los sacerdotes y de los principales". ¿Por quê? Porque si EL no morìa entonces nosotros, todos los que creemos en EL no podrîamos estar con el Padre nunca (vea Juan 3:16). En otras palabras, cada vez que las Escrituras mencionan la expresiôn: "Era necesario que..." es porque habîa un motivo especial para Dios, y casi siempre, oculto a los ojos humanos.
El hecho es que, quizâs hoy los motivos por los cuales estamos viviendo lo que estamos viviendo; la razôn por la que estamos en la situaciòn en la que estamos; simplemente nos son ocultos a los ojos materiales pero el Señor tiene propôsitos especiales en ello, y en su momento nos va a permitir verlo. ¿Acaso no fue bueno para la Samaritana que le mostraran su vida de desôrdenes? ¿Acaso no fue bueno para nosotros que el Cristo padeciera y muriera, para que nosotros tuviêramos vida eterna? Romanos 8:28 dice: "Todo sale a bien, a los que aman a Dios". Entonces el secreto estâ en "amarlo a EL" para tener la esperanza de que lo que nos sucede... es para bien.
sábado, 17 de enero de 2009
Al paso de la oveja mâs dêbil
Cuando al fin de los años Jacob se reconciliô con su hermano Esaû, êste saliô a su encuentro con el fin de abrazarlo de gozo por tantos años de no verlo, a su encuentro Esaû le dice: "Anda, vamos y yo irê delante de tî" (vea Gênesis 33:12). Eso, porque Esaû estaba felîz y eufôrico de volver a ver a su hermano. Pero Jacob, consciente de que llevaba a sus esposas y a sus concubinas y todas con sus niños, le responde: "No, pase ahora mi Señor y yo irê detrâs de êl, al paso de mis ovejas mâs dêbiles y de mis niños" (vea Gênesis 33:14).
¿Quê lecciôn nos da a nosotros ese pasaje? La euforia del afân es buena en el hombre cuando emprende algo, no hay nada mâs digno para un hombre que iniciar algo pero tambièn terminarlo; dejar una obra a la mitad desdice de una persona (salvo situaciones muy especîficas). Pero, debemos evitar que la euforia nos convierta la obra en una angustia, en una pena, o peor aûn, en una tragedia.
Si recordamos bien, Jacob venîa de Padân una ciudad que estaba situada frente a Ur de los caldeos en las playas de Mesopotamia, hoy conocido como el Golfo Pèrsico y venîa hasta Canaân, hoy conocido como Israel. Lo que significa que recorriô todo el desierto de lo que hoy es Lîbano y Sîria, en otras palabras, si Jacob se hubiera contagiado de la euforia de su hermano, lo mâs seguro es que tanto sus ganados como sus niños hubieran perecido por el agotamiento. Meditemos cada vez que empredamos una obra y vayamos paso a paso.
¿Quê lecciôn nos da a nosotros ese pasaje? La euforia del afân es buena en el hombre cuando emprende algo, no hay nada mâs digno para un hombre que iniciar algo pero tambièn terminarlo; dejar una obra a la mitad desdice de una persona (salvo situaciones muy especîficas). Pero, debemos evitar que la euforia nos convierta la obra en una angustia, en una pena, o peor aûn, en una tragedia.
Si recordamos bien, Jacob venîa de Padân una ciudad que estaba situada frente a Ur de los caldeos en las playas de Mesopotamia, hoy conocido como el Golfo Pèrsico y venîa hasta Canaân, hoy conocido como Israel. Lo que significa que recorriô todo el desierto de lo que hoy es Lîbano y Sîria, en otras palabras, si Jacob se hubiera contagiado de la euforia de su hermano, lo mâs seguro es que tanto sus ganados como sus niños hubieran perecido por el agotamiento. Meditemos cada vez que empredamos una obra y vayamos paso a paso.
viernes, 16 de enero de 2009
Poco a poco los echarê de tî
Cuando uno llega a tener no solamente "conocimiento" de que hay un Dios, sino que llega a tener una "relaciôn personal e întima" con ese Dios, algo dentro de uno le empieza a decir que deje de hacer esto, que deje de hacer lo otro, o por el contrario, que ahora haga esto o que haga lo otro. La razôn es porque uno va entendiendo que con hacer o dejar de hacer lo va a agradar. Acaso el ejemplo clâsico de esto lo vemos en el Apôstol Pablo, que luego de perseguir y asesinar a los convertidos al evangelio se hizo uno de ellos, tanto que por eso le tenîan miedo al principio (ver hechos 9:26).
No todos hemos vivido una vida de desôrdenes y desmanes, pero todos en algun manera sabemos que hay situaciones que no le agradan a Dios, y que por lo tanto, nuestra actitud frente a la vida debe cambiar. Ahora bien, asî como Dios no permitiô que los enemigos de Israel fueran echados en un sôlo dîa de su presencia, sino por el contrario EL mismo dispuso que fueran echados poco a poco (ver Exodo 23:30) asî lo hace con nosotros. La razôn nos la explica el mismîsimo Dios en el verso anterior (23:29): "Para que tu tierra no quede vacîa".
¿Cuâl es el riesgo de que nuestra tierra quede vacîa? Uno, si quitarnos los malos hâbitos o las malas costumbres fuera tan fâcil, debido a la debilidad humana pasarîamos toda la vida "jugando" a quitar y poner los obstâculos en nuestra vida; porque tendrîamos la idea que cuando se nos ocurra lo anularemos otra vez, creyendo que es con nuestra propia fuerza y voluntad, cuando es solamente Dios quien nos da esos dos elementos. No nos engañemos pero tampoco nos desesperemos si tenemos malos hâbitos o malas costumbres, solamente confiemos en que Dios: Echarâ esos enemigos de nuestra vida... en su momento.
No todos hemos vivido una vida de desôrdenes y desmanes, pero todos en algun manera sabemos que hay situaciones que no le agradan a Dios, y que por lo tanto, nuestra actitud frente a la vida debe cambiar. Ahora bien, asî como Dios no permitiô que los enemigos de Israel fueran echados en un sôlo dîa de su presencia, sino por el contrario EL mismo dispuso que fueran echados poco a poco (ver Exodo 23:30) asî lo hace con nosotros. La razôn nos la explica el mismîsimo Dios en el verso anterior (23:29): "Para que tu tierra no quede vacîa".
¿Cuâl es el riesgo de que nuestra tierra quede vacîa? Uno, si quitarnos los malos hâbitos o las malas costumbres fuera tan fâcil, debido a la debilidad humana pasarîamos toda la vida "jugando" a quitar y poner los obstâculos en nuestra vida; porque tendrîamos la idea que cuando se nos ocurra lo anularemos otra vez, creyendo que es con nuestra propia fuerza y voluntad, cuando es solamente Dios quien nos da esos dos elementos. No nos engañemos pero tampoco nos desesperemos si tenemos malos hâbitos o malas costumbres, solamente confiemos en que Dios: Echarâ esos enemigos de nuestra vida... en su momento.
jueves, 15 de enero de 2009
No tendrâs dioses ajenos a mî
Cuando Dios le diô en el monte Sinaî los mandamientos a Moisês (que por cierto se dice 10 pero si estudiamos Exodo de los capîtulos 20 al 23 veremos que son mâs), lo primero que le dijo fue: "No tendrâs dioses ajenos a mî" (ver 20:3); "No te harâs imagen de mî de nada que estê en el cielo, en la tierra o en el agua" (ver verso 20:4); "No te inclinaràs a ellas ni las honrarâs, porque Yo soy Jehovâ fuerte y celoso... que visito la maldad de los padres hasta la tercera y cuarta generaciôn (ver 20:5) . En Exodo 20:23 vuelve a decir: "No hagâis conmigo dioses de plata ni de oro".
David, uno de los hombres mâs amados de Dios entre toda la humanidad escribiô en el Salmo 115: "Los îdolos de oro y plata, obra de hombres, tienen boca y no hablan, tienen ojos y no miran, tienen orejas y no oyen, tienen naricez y no huelen, tienen manos y no palpan, tienen pies y no caminan, no hablan con su garganta, semejantes a ellos son los que los hacen y los que en ellos confîan".
Cuando creemos que un îdolo representa a Dios y por ello nos inclinamos ante el, lo honramos como a dios, lo beneramos como si fuera una persona... segûn palabras del mismo Dios, en lugar de agradarlo lo ofendemos, y EL lo mira como maldad, maldad que El dice que nos harâ daño a nosotros y a nuestros hijos y a nuestros nietos y a nuestros bisnietos. Solamente tenemos dos caminos: romper esas cadenas NO adorando imâgenes o simplemente no quejarnos cuando nos va mal a nosotros o a nuestros descendientes, porque por buscarla hemos perdido su protecciôn.
David, uno de los hombres mâs amados de Dios entre toda la humanidad escribiô en el Salmo 115: "Los îdolos de oro y plata, obra de hombres, tienen boca y no hablan, tienen ojos y no miran, tienen orejas y no oyen, tienen naricez y no huelen, tienen manos y no palpan, tienen pies y no caminan, no hablan con su garganta, semejantes a ellos son los que los hacen y los que en ellos confîan".
Cuando creemos que un îdolo representa a Dios y por ello nos inclinamos ante el, lo honramos como a dios, lo beneramos como si fuera una persona... segûn palabras del mismo Dios, en lugar de agradarlo lo ofendemos, y EL lo mira como maldad, maldad que El dice que nos harâ daño a nosotros y a nuestros hijos y a nuestros nietos y a nuestros bisnietos. Solamente tenemos dos caminos: romper esas cadenas NO adorando imâgenes o simplemente no quejarnos cuando nos va mal a nosotros o a nuestros descendientes, porque por buscarla hemos perdido su protecciôn.
miércoles, 14 de enero de 2009
Santifîquense los sacerdotes
Tres dîas antes de que Dios le fuera a dar los "diez mandamientos û ordenanzas" a Moisês, le indicô algunos lineamientos a seguir, creemos firmemente que esos lineamientos son vâlidos tambiên para nosotros, los que vivimos los ûltimos dîas de êsta humanidad como la conocemos hoy. Dios le dice a Moisês: "El pueblo NO podrâ subir al monte" (Exodo 19:23). Los sacerdotes "santifîquense" (Exodo 19:22). Tû y Aarôn suban al monte (Exodo 19:24). Porque todo el que no siga êstos lineamientos, sufrirâ estragos.
Creemos que el mundo hoy en dîa, incluyendo lamentablemente a la iglesia, estâ en un estado deprorable de salud, no hay "uso" sino "abuso" de los elementos espirituales, y, lastimosamente como en los tiempos de la primera venida de Nuestro Señor, el mundo y la iglesia se debaten entre el dinero y el sexo (si usted es de los que dudan êsta situaciòn estudie Mateo 21:13 y Romanos 1:22-32 y compârelo con el dîa de hoy). Y, solamente, como en aquêl dîa en que vino Jesûs se salvarân las honrosas excepsiones. Recuerde a Nicodemo y Josê de Arimatea.
Hoy, el pueblo que solamente se dice creyente pero que lleva su creencia "a su manera", cuando el Señor venga lo verâ de lejos; los lîderes que se han debatido entre los "beneficios" que da el liderazgo, sufrirân estragos cuando el Señor venga. Pero el "pueblo" y los "lîderes" que se santifiquen como Moisês y Aarôn, y que por ello tengan la "aprobaciôn de Dios no la de los hombres", ellos subirân al monte y verân el rostro de Dios frente a frente.
Creemos que el mundo hoy en dîa, incluyendo lamentablemente a la iglesia, estâ en un estado deprorable de salud, no hay "uso" sino "abuso" de los elementos espirituales, y, lastimosamente como en los tiempos de la primera venida de Nuestro Señor, el mundo y la iglesia se debaten entre el dinero y el sexo (si usted es de los que dudan êsta situaciòn estudie Mateo 21:13 y Romanos 1:22-32 y compârelo con el dîa de hoy). Y, solamente, como en aquêl dîa en que vino Jesûs se salvarân las honrosas excepsiones. Recuerde a Nicodemo y Josê de Arimatea.
Hoy, el pueblo que solamente se dice creyente pero que lleva su creencia "a su manera", cuando el Señor venga lo verâ de lejos; los lîderes que se han debatido entre los "beneficios" que da el liderazgo, sufrirân estragos cuando el Señor venga. Pero el "pueblo" y los "lîderes" que se santifiquen como Moisês y Aarôn, y que por ello tengan la "aprobaciôn de Dios no la de los hombres", ellos subirân al monte y verân el rostro de Dios frente a frente.
martes, 13 de enero de 2009
Y serêis mi especial tesoro
Todos queremos ser algo especial para alguien, cuando no es asì, ya sea que seamos hombres o mujeres nos sentimos abandonados, nos sentimos aislados, nos sentimos tristes. Nada mâs hermoso y animante que su pareja le reciba con un beso; que sus hijos lo esperen con un abrazo; y no digamos cuando un nieto lo mira a uno y sale corriendo sin medir riesgo alguno para comerselo a besos y abrazos.
El amor, el cariño, las muestras sinceras de afecto, nos hacen sentir que la vida tiene grandes recompensas a los sacrificios hechos en el pasado por o para esos seres amados. Eso, si lo sabemos nosotros como para que no lo sepa el diseñador del hombre, Dios. El "desea" que seamos especiales para sî, El "quiere" que seamos especiales para sî. Y todo lo que nos pide a cambio es que le escuchemos y que le obedezcamos.
Al pueblo de Israel le dijo: "Si dièreis oîdo a mi voz y guardareis mi pacto, serêis mi especial tesoro" (ver Exodo 19:5). Y habîa dicho en 12:49: "La misma ley serâ para el natural como para el extranjero que quiera vivir entre vosotros". En otras palabras, Dios en su infinita misericordia siempre ha querido que muchos seamos su especial tesoro, con sôlo escucharlo y obedecerlo, un precio que no solamente es bajo sino ademâs agradable, pues es caminar bajo su cobertura.
El amor, el cariño, las muestras sinceras de afecto, nos hacen sentir que la vida tiene grandes recompensas a los sacrificios hechos en el pasado por o para esos seres amados. Eso, si lo sabemos nosotros como para que no lo sepa el diseñador del hombre, Dios. El "desea" que seamos especiales para sî, El "quiere" que seamos especiales para sî. Y todo lo que nos pide a cambio es que le escuchemos y que le obedezcamos.
Al pueblo de Israel le dijo: "Si dièreis oîdo a mi voz y guardareis mi pacto, serêis mi especial tesoro" (ver Exodo 19:5). Y habîa dicho en 12:49: "La misma ley serâ para el natural como para el extranjero que quiera vivir entre vosotros". En otras palabras, Dios en su infinita misericordia siempre ha querido que muchos seamos su especial tesoro, con sôlo escucharlo y obedecerlo, un precio que no solamente es bajo sino ademâs agradable, pues es caminar bajo su cobertura.
lunes, 12 de enero de 2009
El siempre tiene algo mejor para nosotros
!Ojalâ hubiêsemos muerto en Egipto¡ Esta fue una de las primeras expresiones de murmuraciôn que el pueblo de Israel tuvo en el desierto, cuando se vieron sin agua y sin pan (vea Exodo 16:3). Acostumbrados a la buena comida de Egipto (tierra fêrtil regada por el Nilo), se atemorizaron cuando se vieron rodeados de kilômetros de desierto y temperaturas de 40 o 45 grados, sin comida y sin agua. Nada extraño desde el punto de vista humano pero muy obvio desde el punto de vista que "sabîan" que tenîan un Dios pero que no lo "conocîan" personalmente.
Dios siempre tiene algo mejor para nosotros, pero como "sabemos" que tenemos un Dios pero no lo "conocemos" entonces dudamos, murmuramos y vivimos pensando que se olvidô de nosotros. Los Israelitas se estaban muriendo de hambre en Canaân, entonces se los llevô a Egipto 400 años antes, y se los llevô a lo "mejor" de Egipto a la tierra de Gosên (vea Gênesis 47:6) por medio de Josê. Luego, por medio de Moisês ahora los estâ sacando no solamente para su propia tierra, sino a una tierra mâs fructîfera la cual fluye leche y miel, pero como ellos "saben" que tienen un Dios pero no lo conocen, dudan, murmuran y se quejan.
Murmuran por la comida de Egipto sin darse cuenta que ahora tendrân agua y comida sin trabajar y sin tener quê cocinarla (Manâ por 40 años), porque Dios siempre tenîa algo mejor para Su pueblo. Eso mismo nos sucede a nosotros hoy, queremos ser Su pueblo porque "sabemos" que EL existe pero no lo "conocemos" lo suficiente como para confiar en EL. Lo decimos de palabra pero lo negamos con nuestras obras. Por ello cuando nos sucede algo lo primero que preguntamos es ¿Por què me sucede esto? en lugar de preguntar ¿Para quê me sucede esto? pues El siempre tiene un propôsito mejor para nosotros.
Dios siempre tiene algo mejor para nosotros, pero como "sabemos" que tenemos un Dios pero no lo "conocemos" entonces dudamos, murmuramos y vivimos pensando que se olvidô de nosotros. Los Israelitas se estaban muriendo de hambre en Canaân, entonces se los llevô a Egipto 400 años antes, y se los llevô a lo "mejor" de Egipto a la tierra de Gosên (vea Gênesis 47:6) por medio de Josê. Luego, por medio de Moisês ahora los estâ sacando no solamente para su propia tierra, sino a una tierra mâs fructîfera la cual fluye leche y miel, pero como ellos "saben" que tienen un Dios pero no lo conocen, dudan, murmuran y se quejan.
Murmuran por la comida de Egipto sin darse cuenta que ahora tendrân agua y comida sin trabajar y sin tener quê cocinarla (Manâ por 40 años), porque Dios siempre tenîa algo mejor para Su pueblo. Eso mismo nos sucede a nosotros hoy, queremos ser Su pueblo porque "sabemos" que EL existe pero no lo "conocemos" lo suficiente como para confiar en EL. Lo decimos de palabra pero lo negamos con nuestras obras. Por ello cuando nos sucede algo lo primero que preguntamos es ¿Por què me sucede esto? en lugar de preguntar ¿Para quê me sucede esto? pues El siempre tiene un propôsito mejor para nosotros.
domingo, 11 de enero de 2009
No temâis y estad firmes
Cuando despuês de diez duras plagas y especialmente luego de la muerte del primogênito de Faraôn de Egipto, êste dejô ir al pueblo de Dios a que le adorara al desierto, el pueblo iba felîz de haberse quitado el yugo de 400 años. Sin embargo, cuando Faraôn se arrepintiô de haberlos liberado, los persiguiô, y cuando el pueblo israelita se viô acorralado entre el ejêrcito de Faraôn y el Mar, dice la escritura que no sôlo tuvieron miedo sino que murmuraron (ver Exodo 14:10-13).
Entonces Moisês les dijo: "No temâis y estad firmes, y ved la salvaciôn que Jehovâ a puesto hoy delante de vuestros ojos" (Exodo 14:13). Todo ser humano tiene miedo o tiembla ante cualquier adversidad, no es vergonzoso de ninguna manera sentirse uno inûtil, sentirse uno incapacitado o limitado para ciertas labores o situaciones difîciles que la vida nos pone delante. Pero lo que nos debe levantar es el hecho de que si no somos nosotros los que batallamos, sino la batalla se la dejamos al Señor, el pondrâ delante de nuestros ojos la soluciôn a dicho problema.
A una orden de Dios el pueblo "solamente" tuvo que avanzar, el mar lo abriô Dios, el mar lo secô Dios, el mar lo sustuvo Dios, y luego que ellos hubieran pasado el mar lo volviô a abrir Dios y los enemigos desaparecieron. Ellos solamente "avanzaron" confiando en Dios. Eso es lo que debemos hacer nosotros, avanzar confiando en Dios, en lugar de tener miedo y murmurar.
Entonces Moisês les dijo: "No temâis y estad firmes, y ved la salvaciôn que Jehovâ a puesto hoy delante de vuestros ojos" (Exodo 14:13). Todo ser humano tiene miedo o tiembla ante cualquier adversidad, no es vergonzoso de ninguna manera sentirse uno inûtil, sentirse uno incapacitado o limitado para ciertas labores o situaciones difîciles que la vida nos pone delante. Pero lo que nos debe levantar es el hecho de que si no somos nosotros los que batallamos, sino la batalla se la dejamos al Señor, el pondrâ delante de nuestros ojos la soluciôn a dicho problema.
A una orden de Dios el pueblo "solamente" tuvo que avanzar, el mar lo abriô Dios, el mar lo secô Dios, el mar lo sustuvo Dios, y luego que ellos hubieran pasado el mar lo volviô a abrir Dios y los enemigos desaparecieron. Ellos solamente "avanzaron" confiando en Dios. Eso es lo que debemos hacer nosotros, avanzar confiando en Dios, en lugar de tener miedo y murmurar.
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