sábado, 24 de enero de 2009

¿A quê se reunîa la Iglesia Primitiva? Parte 4

Y la ûltima de las razones por la cual se reunîa la Iglesia Primitiva era para las "oraciones". Ahora bien, tenemos y debemos entender lo que Jesûs y los discîpulos nos enseñaron por oraciones. Jesûs dijo en el Sermôn del Monte: "Cuando orêis NO USES VANAS REPETICIONES como los gentiles (o sea los que NO conocen a Dios) que creen que por sus palabrerîas serân oîdos" (vea Mateo 6:7). Y luego explica: "Cuando pidâis pedid por vuestras necesidades, las cuales el Padre, ya conoce" (ver el verso 8).

Ahora bien, si yo tengo hambre, si estoy enfermo, si yo necesito trabajo, tengo necesidades, si me pongo a repetir: "Dios te salve Marîa" u otra oraciôn, pues Dios salvarâ a Marîa pero yo seguirê con hambre, seguirê enfermo y seguirê sin trabajo porque NO estoy pidiendo por y para mis necesidades. Los discîpulos cuando los griegos murmuraron porque el repartimiento de los alimentos no era justo entre sus viudas y las viudas de los judîos, respondiron asî: "No es justo que nosotros nos dediquemos al servicio de las mesas y desatendamos la "oraciôn" (ver Hechos 6:).

Pero cômo o quê oraban los discîpulos, lo vemos en TODO el libro de los Hechos de los Apôstoles: Por el ciego... pedîan literalmente la vista; por el lisiado... pedìan literalmente que caminara; por el mudo... pedîan literalmente que hablara, etc. Imagînese a los discîpulos diciendo siempre "Ave Marîa o Dios te salve Marîa" por esas necesidades, simplemente, nunca hubiesen tenido respuesta. La respuesta vino porque se pidiô "especîficamente" por la necesidad... que fue lo que Cristo enseñô. Sabîa usted que la palabra que Jesûs utilizô para orar fue "proseûjemai" que significa: Suplicar o pedir. Usted no puede suplicar o pedir algo... repitiendo una misma oraciôn o frase que nada tiene que ver con el problema y la soluciôn especîfica. Meditemos.

viernes, 23 de enero de 2009

¿A quê se reunîa la Iglesia Primitiva? Parte 3

La segunda razôn por la cual la Iglesia Primitiva se reunîa (ver Hechos 2:42) era para tener lo que ellos llamaron "comuniôn", la palabra original de êste vocablo nos explica exactamente què era esa comuniôn,"koinonîa" cuyos significados son "interacciôn social, compañerismo, o participaciôn social". Como podemos ver el têrmino original "comuniôn" lo que nos estâ dando a entender es que habîa una "comûn uniôn o una uniôn comûn" entre los miembros que se reunîan, NO implica en ningûn momento que se reunîan a tomar o comer algo en representaciôn de nada ni de nadie.

La tercera razôn por o para lo que se reunîan era para "el partimiento del pan o tomar una cena completa". Este concepto original es "klâsis artos" que significa "quebrar una hogaza de un pan grande". Lo que nos muestra que en medio de la interacciôn social, del compañerismo, o participaciôn social, tomaban una merienda o compartîan algo de comer y de beber, es mâs, lo que bebîan generalmente era vino. Que êste concepto tampoco implica tomar o comer algo en representaciôn de algo o de alguien, nos lo muestra el apôstol Pablo cuando reclama lo siguiente: "porque al comer algunos se adelantan a tomar la cena, no tienen acaso casas en dônde comer, y algunos hasta se embriagan al beber" (ver Primera de Corintios 11:21).

En otro sentido, vemos que cuando el Señor instituyô lo que es conocido como la "Santa Cena", fue exactamente eso: UNA CENA. La palabra utilizada para cena es "fagô" que implica "comer o devorar". Por ûltimo, si alguien era cumplidor de la Ley y de la Palabra de Dios, era Jesûs el Cristo, su Hijo. Entonces preguntamos: ¿Si Dios habîa prohibido tomar o comer sangre porque allî estâ la vida del animal o del ser humano, cômo iba a faltar a ese mandamiento, y encima a institucionalizarlo? (vea Gênesis 9:4). Meditemos y que el desconocimiento no nos engañe.

jueves, 22 de enero de 2009

¿A quê se reunîa la Iglesia Primitiva? Parte 2

Jesûs, sus discîpulos, Pablo y todos sus seguidores fueron perseguidos porque no predicaban la Ley de Moisês (conocida como La Torâ) ni dentro del Pueblo Judîo ni dentro de los gentiles, sino que predicaban "otra" doctrina (que en griego es la palabra Didache). Doctrina que NO vino de hombres sino de Dios mismo, Jesûs lo dijo asî: "Mi doctrina, no es mîa, sino del que me enviô" (vea Juan 7:16). Y nadie puede decir que era la misma Ley de Moisês con otro nombre porque la Escritura lo dice claramente: ¿Quê "nueva doctrina" es êsta? (vea Marcos 1:27).

El "evangelio", la "nueva doctrina" que Jesûs enseñô, y que sus discîpulos y Pablo predicaron fue llamada por los mismos principales de los religiosos judîos: Una secta, un nuevo camino, una herejîa, y al movimiento lo tildaron de sediciôn (separaciôn o alzamiento colectivo contra la autoridad de la Ley Judîa, en otras palabras protestantes) (vea hechos 24:1, 5,14 y 22).

A los seguidores de la nueva doctrina de Jesûs no los llamaron con el nombre de ninguna religiôn, no fueron llamados Evangêlicos, no fueron llamados Catôlicos, no fueron llamados Musulmanes, no fueron llamados Mahometanos, la Escritura es muy clara al explicar que fueron llamados CRISTIANOS, y eso sucediô en Antioquîa por primera vez, y asî se les llamô de allî en adelante (vea Hechos 11:26). La razôn era porque los que seguîan a Jesûs lo seguîan porque EL era el evangelio mismo, El era el objeto y el sujeto del evangelio, El habîa sido prometido y habîa sido enviado por el evangelio, la DIDACHE, la DOCTRINA DEL QUE LO ENVIO, DIOS PADRE. No era pues, la doctrina de ningùn padre que se creîa Dios, sino, repetimos, la Doctrna de Dios Padre.

miércoles, 21 de enero de 2009

¿A quê se reunîa la Iglesia Primitiva?

Hace dos mil años la "liturgia o si usted lo prefiere, la agenda" de la Iglesia Primitiva era muy pero muy diferente a lo que se conoce y se practica hoy como liturgia dentro de las congregaciones. En el libro de los Hechos de los Apôstoles nosotros lo podemos comprobar, dice en Hechos 2:42: "Y perseveraban en la doctrina de los apôstoles, en la comuniôn unos con otros, en el partimiento del pan, y en las oraciones".

Veamos detenidamente: Uno, para "perseverar en la doctrina de los apôstoles". La palabra original para perseverar es "proskarterèo" que en griego implica: ser constante, ser diligente, adherirse fijamente. ¿Por quê tenîan que ser constantes, ser diligentes y adherirse fijamente los seguidores de Jesûs y sus apôstoles a êsta doctrina? Por la sencilla razôn de que Jesûs y sus apôstoles NO estaban predicando la Ley de Moisês dada para el pueblo fîsico de Israel, sino estaban predicando la doctrina del "evangelio" para el pueblo espiritual.

Y tenîan que ser "perseverantes" o sea constantes, diligentes y adherirse fijamente, porque iban a ser perseguidos, y perseguidos por gente religiosa y fanâtica que iba a ser capaz hasta de matarlos. Y la historia demuestra que tanto Jesûs, como sus discîpulos, como Pablo el gran apôstol, fueron perseguidos por religiosos y fanâticos. Vea Hechos 14:4 al 7 y Hechos 24:1 al 14 y confirmarâ que son los "religiosos y los fanâticos" los que persiguen al pueblo de Dios. Esto, lo veremos repetirse en el final de los tiempos pues es un patrôn. La verdadera doctrina de Jesûs es el evangelio, eso era lo que EL predicaba y por lo que diô su vida.

martes, 20 de enero de 2009

Tinieblas no sacrificios

Al hombre lo habîan pasado torturando toda la noche, al amanecer del dîa de la Pascua Judîa (ver Mateo 27:15 y 26) lo desnudaron, y le pusieron un manto rojo que simbolizaba el reinado que "El" decîa tener, pusieron sobre su cabeza una corona de espinas, y una caña en su mano, todo repetimos, para simbolizar el reinado que "EL" decîa poseer.

A la hora sexta que eran las doce del dîa, hubo tinieblas hasta las tres de la tarde û hora novena, hora en que muriô Jesûs. A su lado habîan crucificado tambièn a dos ladrones cuyos nombres en la Escritura no aparecen pero que la tradiciôn les ha puesto nombre. Ambos tambièn en tinieblas espirituales, con la diferencia que uno de ellos "reconoce" al verdadero rey y salvador que estâ a la par suya y le dice: "Señor, acuèrdate de mî cuando estès en tu reino" (ver Lucas 23:42).

Muchos andan hoy por el mundo en "tinieblas espirituales" haciendo sacrificios y negândose de muchas situaciones creyendo entrar al reino de los cielos por ello, la Escritura nos muestra que el ladrôn no hizo ninguna de las dos situaciones, simplemente reconociô que sobre toda la tierra no hay otro nombre que dê salvaciôn ni que interceda por un pecador en tinieblas, sino tan sôlo el nombre de JESUCRISTO ( Hechos 4:12). El requisito para entrar al cielo es estar en tinieblas espirituales antes de reconocer a Jesûs como suficiente salvador, no hacer algûn tipo de sacrificio... pues ese lo hizo EL.

lunes, 19 de enero de 2009

Jehovâ recompense tu obra

Noemî estaba casada con Elimelec y tuvieron dos hijos, Malôn y Queliôn, ambos estaban casados uno con Orfa y el otro con Rut, pero luego de 10 años de morar en Moab, donde habîa nacido Rut, nos cuenta la historia que muriô Elimelec y luego murieron sus dos hijos, por lo que Noemî quizo regresar a Belên de donde era nacida, y dispuso, despedir a sus nueras para que êstas rehicieran su vida. Pero Rut en lugar de alejarse de su suegra, la siguiô y trabajô duro por y para ella (Ver Rut capîtulo 1).

En esas circunstancias fue y trabajô en los campos de Booz, el cual se enterô de todas las bondades que Rut habîa hecho para con su anciana suegra, cuando se encuentra con ella le declara: "El Señor Jehovâ recompense tu obra, y tu remuneraciôn te sea cumplida". La historia sigue narrando lo sucedido a Rut, y cômo con el tiempo llegô, incluso, a ser la bisabuela del Rey David (vea Rut 4:17).

El hecho es que muchas veces hacemos algo y en el momento no vemos la recompensa, simplemente porque esperamos que sean los hombres quienes nos den el mèrito, pero con el tiempo es el Señor quien nos honra, y esa honra es mucho mayor que la que hubiêsemos recibido de los hombres. La lecciôn serîa acaso, el consejo que se nos da en el libro de Colosenses capîtulo 3 y verso 23: "Y todo lo que hagâis, hacerlo de corazôn, COMO PARA EL SEÑOR y no como para los hombres".

domingo, 18 de enero de 2009

Era necesario que

Varias veces en las Escrituras leemos la expresiôn: "Era necesario que..." En Juan capîtulo 4 y verso 4 vemos a Jesûs diciendo a sus discîpulos: "Es necesario que... pasemos por Samaria", Samaria era un territorio Judîo por el cual muchos no querîan pasar, pues sus habitantes cuando se realizô la construcciôn del Templo de Salomôn no quisieron ayudar; por eso los mismos judîos de las otras regiones los marginaron, y por ello Jesûs se ve obligado a enfrentar a sus discîpulos diciendoles que no deben bordear la zona, sino pasar por ella. Pero ¿Por quê? Por la sencilla razôn de que allî tambiên habîa ovejas descarriadas del Señor, como la Samaritana que sin ser una ramera declarada habîan tenido ya varios maridos debido a una vida desordenada.

En otra ocasiôn leemos (Lucas 9:22): "Es necesario que... el Hijo del Hombre padezca en manos de los ancianos, de los sacerdotes y de los principales". ¿Por quê? Porque si EL no morìa entonces nosotros, todos los que creemos en EL no podrîamos estar con el Padre nunca (vea Juan 3:16). En otras palabras, cada vez que las Escrituras mencionan la expresiôn: "Era necesario que..." es porque habîa un motivo especial para Dios, y casi siempre, oculto a los ojos humanos.

El hecho es que, quizâs hoy los motivos por los cuales estamos viviendo lo que estamos viviendo; la razôn por la que estamos en la situaciòn en la que estamos; simplemente nos son ocultos a los ojos materiales pero el Señor tiene propôsitos especiales en ello, y en su momento nos va a permitir verlo. ¿Acaso no fue bueno para la Samaritana que le mostraran su vida de desôrdenes? ¿Acaso no fue bueno para nosotros que el Cristo padeciera y muriera, para que nosotros tuviêramos vida eterna? Romanos 8:28 dice: "Todo sale a bien, a los que aman a Dios". Entonces el secreto estâ en "amarlo a EL" para tener la esperanza de que lo que nos sucede... es para bien.

sábado, 17 de enero de 2009

Al paso de la oveja mâs dêbil

Cuando al fin de los años Jacob se reconciliô con su hermano Esaû, êste saliô a su encuentro con el fin de abrazarlo de gozo por tantos años de no verlo, a su encuentro Esaû le dice: "Anda, vamos y yo irê delante de tî" (vea Gênesis 33:12). Eso, porque Esaû estaba felîz y eufôrico de volver a ver a su hermano. Pero Jacob, consciente de que llevaba a sus esposas y a sus concubinas y todas con sus niños, le responde: "No, pase ahora mi Señor y yo irê detrâs de êl, al paso de mis ovejas mâs dêbiles y de mis niños" (vea Gênesis 33:14).

¿Quê lecciôn nos da a nosotros ese pasaje? La euforia del afân es buena en el hombre cuando emprende algo, no hay nada mâs digno para un hombre que iniciar algo pero tambièn terminarlo; dejar una obra a la mitad desdice de una persona (salvo situaciones muy especîficas). Pero, debemos evitar que la euforia nos convierta la obra en una angustia, en una pena, o peor aûn, en una tragedia.

Si recordamos bien, Jacob venîa de Padân una ciudad que estaba situada frente a Ur de los caldeos en las playas de Mesopotamia, hoy conocido como el Golfo Pèrsico y venîa hasta Canaân, hoy conocido como Israel. Lo que significa que recorriô todo el desierto de lo que hoy es Lîbano y Sîria, en otras palabras, si Jacob se hubiera contagiado de la euforia de su hermano, lo mâs seguro es que tanto sus ganados como sus niños hubieran perecido por el agotamiento. Meditemos cada vez que empredamos una obra y vayamos paso a paso.

viernes, 16 de enero de 2009

Poco a poco los echarê de tî

Cuando uno llega a tener no solamente "conocimiento" de que hay un Dios, sino que llega a tener una "relaciôn personal e întima" con ese Dios, algo dentro de uno le empieza a decir que deje de hacer esto, que deje de hacer lo otro, o por el contrario, que ahora haga esto o que haga lo otro. La razôn es porque uno va entendiendo que con hacer o dejar de hacer lo va a agradar. Acaso el ejemplo clâsico de esto lo vemos en el Apôstol Pablo, que luego de perseguir y asesinar a los convertidos al evangelio se hizo uno de ellos, tanto que por eso le tenîan miedo al principio (ver hechos 9:26).

No todos hemos vivido una vida de desôrdenes y desmanes, pero todos en algun manera sabemos que hay situaciones que no le agradan a Dios, y que por lo tanto, nuestra actitud frente a la vida debe cambiar. Ahora bien, asî como Dios no permitiô que los enemigos de Israel fueran echados en un sôlo dîa de su presencia, sino por el contrario EL mismo dispuso que fueran echados poco a poco (ver Exodo 23:30) asî lo hace con nosotros. La razôn nos la explica el mismîsimo Dios en el verso anterior (23:29): "Para que tu tierra no quede vacîa".

¿Cuâl es el riesgo de que nuestra tierra quede vacîa? Uno, si quitarnos los malos hâbitos o las malas costumbres fuera tan fâcil, debido a la debilidad humana pasarîamos toda la vida "jugando" a quitar y poner los obstâculos en nuestra vida; porque tendrîamos la idea que cuando se nos ocurra lo anularemos otra vez, creyendo que es con nuestra propia fuerza y voluntad, cuando es solamente Dios quien nos da esos dos elementos. No nos engañemos pero tampoco nos desesperemos si tenemos malos hâbitos o malas costumbres, solamente confiemos en que Dios: Echarâ esos enemigos de nuestra vida... en su momento.

jueves, 15 de enero de 2009

No tendrâs dioses ajenos a mî

Cuando Dios le diô en el monte Sinaî los mandamientos a Moisês (que por cierto se dice 10 pero si estudiamos Exodo de los capîtulos 20 al 23 veremos que son mâs), lo primero que le dijo fue: "No tendrâs dioses ajenos a mî" (ver 20:3); "No te harâs imagen de mî de nada que estê en el cielo, en la tierra o en el agua" (ver verso 20:4); "No te inclinaràs a ellas ni las honrarâs, porque Yo soy Jehovâ fuerte y celoso... que visito la maldad de los padres hasta la tercera y cuarta generaciôn (ver 20:5) . En Exodo 20:23 vuelve a decir: "No hagâis conmigo dioses de plata ni de oro".

David, uno de los hombres mâs amados de Dios entre toda la humanidad escribiô en el Salmo 115: "Los îdolos de oro y plata, obra de hombres, tienen boca y no hablan, tienen ojos y no miran, tienen orejas y no oyen, tienen naricez y no huelen, tienen manos y no palpan, tienen pies y no caminan, no hablan con su garganta, semejantes a ellos son los que los hacen y los que en ellos confîan".

Cuando creemos que un îdolo representa a Dios y por ello nos inclinamos ante el, lo honramos como a dios, lo beneramos como si fuera una persona... segûn palabras del mismo Dios, en lugar de agradarlo lo ofendemos, y EL lo mira como maldad, maldad que El dice que nos harâ daño a nosotros y a nuestros hijos y a nuestros nietos y a nuestros bisnietos. Solamente tenemos dos caminos: romper esas cadenas NO adorando imâgenes o simplemente no quejarnos cuando nos va mal a nosotros o a nuestros descendientes, porque por buscarla hemos perdido su protecciôn.