martes, 16 de diciembre de 2008

Cuando el profeta es verdadero... se cumple

El Pueblo de Dios siempre ha tenido un problema con el Profeta y con la Profecîa, si la profecîa no se cumple al dîa siguiente estimamos que es una mentira, y si se cumple estimamos que es una casualidad, pero nos cuesta creer que es Dios hablando porque lo que oîmos son palabras de hombres con debilidades y defectos como los nuestros. Cuando el profeta es verdadero, simplemente, la profecîa se cumple aunque pase mucho tiempo. Dios fue claro el dîa que su pueblo se preguntô ¿Cômo sabremos si el profeta es verdadero? Dios les respondiô, si lo que dijo se cumple es verdadero (Deuteronomio 18:21).

Abraham profetizô que era Padre de Muchedumbres pero durante "25" años esa muchedumbre consistiô en dos personas, y luego en dos personas una empleada y un hijo bastardo, pero lo que dijo se cumpliô, y eso, lo hace un profeta verdadero. Jeremîas profetizô que el pueblo iba a ir en cautiverio pero como eso sucediô hasta 23 años despuès, el pueblo no le creîa, pero sucediô (Jeremîas 25:3), la razôn, porque era un profeta verdadero.

Hoy, o no creemos en la profecîa o se nos olvida porque no se cumpliô al dîa siguiente, pero cuando alguien habla en nombre de Dios, debièramos de analizar si lo que ha profetizado antes se ha cumplido en algûn momento, si es asî, o si la mayorîa de sus profecîas se han cumplido o se estân cumpliendo, no debièramos de olvidar o de menos preciar esas profecîas, simplemente, porque el profeta y por tanto la profecîa... vienen de Dios. El que tenga oîdo para oîr que oiga...

lunes, 15 de diciembre de 2008

Ensancha el sitio de tu tienda

Dios a pesar de los errores y los pecados de Su Pueblo escogido, vez tras vez le muestra su amor en el transcurso de su historia al Pueblo de Israel material, hoy nos lo muestra a Su Pueblo espiritual.

En el libro de Isaîas capîtulo 54 y versos 1-3 nos exhorta Dios: "Regocîjate, oh estêril, la que no daba a luz... Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas... Porque te extenderâs a la mano derecha y a la mano izquierda, y tu descendencia heredarâ naciones...

No debemos de temer el ensanchar nuestra tienda espiritual. Asî como un comerciante en lo natural lucha porque su negocio se ensanche, asî nosotros los que amamos al Señor, debemos luchar por ensanchar la honda que lleve una palabra de vida, una palabra de aliento, una palabra de enseñanza, una palabra limpia, sincera, honesta, y desinterezada a todo el que busque a Dios ( por ello nuestra visiôn: Vivir para predicar, y no predicar para vivir). Gracias a Dios por los nuevos medios que nos da, gracias a Dios por todos y cada uno de los que colaboran para que asî sea, Gracias a Dios por los seres amados que nos ayudan y nos acompañan en ENSANCHAR EL SITIO DE NUESTRA TIENDA... LA TIENDA DEL SEÑOR. Amên.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Lleno del Espîritu pero encendido en ira...

Asî como en la reflexiôn de ayer, vemos hoy, que tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, una persona cuando estâ plena del Espîritu Santo no quiere decir necesariamente que flote de bondad y de buenos modales. Aquî en el Antiguo Testamento vemos cômo, cuando Saûl se entera de que el rey de los Amonitas les pone como requisito a los de Jabes que se saquen el ojo derecho para poder hacer alianza con ellos "El Espîritu de Dios vino sobre Saûl y se encendiô en ira" (Jueces 11:1-6). En el Nuevo Testamento vemos cômo cuando Jesûs es bautizado "El Espîritu de Dios lo llena", y sin embargo, encendido en ira (y lleno del Espîritu Santo) limpia a chicotazo limpio el atrio del Templo porque los lîderes lo estân utilizando para mercadear (vea Juan capîtulo 2). Lo que nos dejan êstas dos porciones es que, hay momentos en la vida del creyente en que "es necesario" poner los puntos sobre las îes como decimos en buen chapîn, lo cuâl no significa que hayamos perdido el norte con respecto a nuestra relaciôn con Dios, o que, peor aûn, estemos caîdos de la gracia. En ambos casos vemos que "existen momentos" en la vida del creyente en que hay que defender con gallardîa y virilidad lo que es correcto, y el Espîritu de Dios nos va a respaldar. Sâul, segûn narra la historia a la que nos referimos destruyô a los Amonitas al grado de que no quedaron dos de ellos juntos (ver Jueces 11:12); mientras que en la narraciôn de Jesûs, aunque no lo dice, sabemos que en el Atrio se mantenîan "miles" de gentes y nadie se atreviô a hacerle frente, esto, debido a la ira que le vieron y al poder de Dios sobre êl.